La turbia moralina de la política de pacotilla

“Muchos políticos amorales, no tienen idea de las cualidades que deben enarbolar a cada instante y por ende nadan en suciedad e inmundicia a vista y paciencia de los ojos del ciudadano. Esta mala clase, viene de la cuna, de una falta de valores absoluta, y de una irresponsabilidad ética que ablanda la percepción de cualquier cochinada”
(Ronner Shwan: Sociólogo y escritor Holandés. Autor de “El político sin alma”)

Quizás la ausencia de moral, sea una de las indecencias más grandes en la que un ser humano puede caer, pues la falta de integridad es la base de la corrupción misma. Los hombres la hemos practicado muchas veces a lo largo de la historia y parece que aún no aprendemos la lección a la luz de resultados repetitivos y nefastos. Descartes dijo de la inmoralidad política y familiar lo siguiente: “El inmoral, es el que empuña la piedra sin descaro, para lapidar al que con su virtud delata los propios comportamientos espurios”

¿Qué tiene que ver la moral con la política y con los cargos?
Responder correctamente a esta pregunta es crucial si queremos entender la naturaleza de la política y el lugar que ocupa en nuestras vidas. La política y la ética (que usaremos como sinónimo de "moral") se relacionan íntimamente. Empecemos examinando algunas maneras comunes de negar esta verdad.
Se suele pensar que la moral es un asunto privado, y que la política más bien es pública. Mientras la moral tiene que ver con lo que cada cual considere correcto o incorrecto, la política se ocupa de la administración eficiente del Estado, asegurando educación, salud y orden, y creando las condiciones para que los ciudadanos puedan llevar a cabo sus actividades productivas y vivir como escojan vivir.
Esta visión liberal se puede fundamentar sosteniendo que lo que sea bueno o malo es cuestión de opinión. La política, sin embargo, trata de lo que nos concierne a todos, su esfera la determinan las leyes, y su legitimidad se basa en el consenso. Las personas son agentes libres, que se asocian entre sí porque esto los beneficia. El fin de las leyes y de la buena administración del Estado, es crear las condiciones para que cada cual pueda vivir como le parezca, pero eso sí, dentro de un margen moral y ético básico y fundamental. Respeto para uno mismo, para la familia, para la ciudadanía y por el cargo. Quien no respeta la moral, y hace cosas reñidas con las conductas formales, no debe ostentar poder de ningún tipo, pues su moral así como él, son carne corrupta y sólo dañan a la sociedad en su conjunto.

Los seres humanos, como agentes morales y políticos, necesariamente poseen una identidad cultural o social personal. La cultura, la moral y el trato que demostramos ante los demás, es una manera de ser humano. Constituyen un universo de valores y encarna sentidos de lo apropiado u oportuno, lo significativo, lo importante y lo trivial, lo gracioso y lo penoso, lo decente y lo indecente, lo sano y lo perverso.

La ética y la moral, no tiene que ver con mandamientos ni normas, ni con fórmulas para decidir qué está bien y qué mal. Tiene que ver con lo que sea el bien para los seres humanos, con la excelencia humana, con cómo educar y vivir bien. La ética trata de aquellos deseos y actividades que le dan sentido a nuestras vidas. La política trata del bien común a los miembros de un estado, o de una ciudad. Ambas disciplinas se ocupan de la pregunta "¿qué es vivir bien?", pregunta que la política como simple instrumento, no puede responder por nosotros. Por ello no podemos distinguir claramente entre moral y política a este nivel de generalidad. Las distinciones aparecerán cuando introduzcamos el poder político, a los actos que realicemos, tanto en nuestra vida pública, como en nuestra vida privada

Finalmente quiero decir tajantemente que la moral de los políticos que elegimos, y la moral de aquellos individuos (hombres y mujeres que tienen poder), define cómo queremos vivir en sociedad, cómo queremos tratarnos unos a otros, y en qué tipo de país queremos que vivan nuestros hijos.

Para El Examinador
Patricio Cazanga Molina
Académico por vocación y Analítico por vicio.
Cientista Político.